Oportunidades en medio de la crisis climática: reflexiones post COP27

Por Federico Bernardelli, Encargado de Imagen País y Posicionamiento Internacional, Ministerio de Energía de Chile

Hace pocos días concluyó la COP27 y algo que ha dejado en evidencia es cómo la transformación del sector energía va a ser la piedra angular de la ambición climática mundial.

Sin embargo, el rol central del sector tiene que enfrentarse con un retroceso internacional en las metas de sostenibilidad, principalmente imputable a los temas de la contingencia mundial, tales como el conflicto ruso-ucraniano, la inflación global y la estrechez del mercado energético.

El afán de las grandes economías de asegurarse el abastecimiento energético en el cortísimo plazo está empujando los países más industrializados hacia un retraso en el desmantelamiento de las centrales a carbón o a cerrar contratos de abastecimiento de gas a precio fuera de mercado con proveedores no rusos.

En este contexto, los países latinoamericanos no están exentos de las turbulencias causadas por los efectos de distorsión del mercado energético. Sin embargo, un aprendizaje muy importante que ha dejado la COP27 para la región es que existen las herramientas para hacer frente a este escenario.

El enorme potencial renovable, combinado con el almacenamiento en el caso de las fuentes variables, y el potenciamiento de las líneas de transmisión existentes, complementado por los proyectos de interconexión eléctrica regional que apuntan a reducir los grandes niveles de vertimiento que estamos registrando sobre todo en Chile, son solo algunos de los elementos habilitantes de la transformación energética.

A complemento de este cuadro desafiante, pero a la vez esperanzador, se instaló con gran fuerza en la COP27 el tema del Hidrógeno Verde. Los ojos de los grandes consumidores de energía del planeta —o al menos de aquellos más sensibles a los compromisos impuestos por el Acuerdo de París— están mirando hacia aquellas áreas geográficas donde la generación renovable es más competitiva para abastecerse, en un futuro próximo, de moléculas verdes útiles a descarbonizar los sectores de sus economías donde la electrificación no es una opción económicamente viable.

Es justamente ahí donde reside la enorme oportunidad para muchos de los países de la región. Aprovechar el impulso internacional, no solo para abastecer de hidrógeno verde y sus derivados a los países industrializados, sino —en primera instancia— para generar una demanda interna a través de la transformación de algunos sectores productivos y del transporte, es una oportunidad única para avanzar en la complejización de nuestros sistemas económicos.

Para ello es indudable que, además de enormes inversiones y capitales privados, se va a requerir un proceso de fortalecimiento de la capacidad institucional y del Estado para hacer frente a los desafíos que el desarrollo de una nueva industria conlleva.

En esta línea se enmarcan muchos de los esfuerzos que el gobierno de Chile está haciendo a nivel internacional con la banca multilateral para atraer al país financiamiento útil a mejorar las condiciones habilitantes para el desarrollo del sector a través de la consolidación de capacidades laborales, institucionales y de innovación.

El acuerdo firmado entre Corfo y el Banco Mundial en el marco de la COP27 el pasado 11 de noviembre, denominado “Proyecto de facilidad de hidrógeno verde para apoyar un desarrollo económico verde, resiliente e inclusivo”, permitirá a Chile a acceder a un préstamo dividido en dos etapas por un total de máximo US$ 350 millones. De la misma manera, con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se ha ratificado la prioridad al “Programa de apoyo a la industria de Hidrógeno Verde en Chile”, lo cual se tradujo en una segunda operación individual bajo la Línea de Crédito Condicional para Proyectos de Inversión (CCLIP), que podrá financiar proyectos hasta un total de US$ 400 millones.

Iniciativas de financiamiento como estas, o como el programa de cooperación técnica denominado “Team Europe Initiative”, impulsado por la Unión Europea a través del Banco Europeo de Inversiones (BEI), del Banco de Crédito para la Reconstrucción Alemán (KfW) y de las agencias de cooperación al desarrollo alemana (GIZ) y española (AECID), son un claro indicador de cómo no solo el Ministerio de Energía, sino también el Estado chileno, está apostando en la industria del Hidrógeno Verde para impulsar el desarrollo local y el fortalecimiento de las capacidades en regiones en el marco de una transición energética justa.

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