Hidrógeno bajo en carbono en América Latina: El rol de los hacedores de política pública en el impulso a la producción de este combustible limpio

Por Joerg Husar, Agencia Internacional de Energía

América Latina y el Caribe es una de las regiones líderes en generación de energía con fuentes renovables y tiene el potencial de jugar un rol protagónico en el futuro mercado global de hidrógeno bajo en carbono. La abundancia de recursos hídricos, eólicos y solares le otorgan una posición privilegiada para producir de grandes volúmenes de hidrógeno bajo en carbono a precios muy competitivos. Los avances regulatorios y de diseño de mercado que se den en la próxima década serán cruciales para asegurar que la región se consolide como uno de los jugadores más relevantes en el panorama internacional de este combustible limpio.

A futuro, el hidrógeno bajo en carbono tendría la capacidad de apalancar la siguiente fase de la transición energética en América Latina, reemplazando a combustibles fósiles en usos finales difíciles de electrificar. Esto incluye algunos usos industriales (como la producción de acero o la minería) y de transporte que tienen pocas opciones para descarbonizarse. El potencial que ofrece el hidrógeno como un aliado en la descarbonización de las economías locales y como un posible producto de exportación ha captado la atención de los gobiernos y hacedores de política pública en varios de los países de la región. Mientras Chile, Colombia y Panamá ya cuentan con estrategias de largo plazo publicadas con metas definidas, varios otros países se encuentran trabajando en documentos de política pública para la integración del hidrógeno dentro de sus sistemas energéticos. Adicionalmente, seis proyectos pilotos se encuentran en operación y cerca de 50 más están en etapas tempranas de desarrollo. Varios de estos proyectos se adelantan en colaboración con el sector industrial.

Los gobiernos están llamados a tener un rol protagónico en la construcción de un entorno regulatorio y de política pública atractivo para garantizar que la región saque ventaja de su potencial como productor y exportador de hidrógeno bajo en carbono. Por la complejidad de este reto, se requerirá un trabajo coordinado en múltiples frentes, tal como fue necesario para el despliegue de otras tecnologías limpias en la región como la generación eólica y solar o los biocombustibles, pero con complejidades adicionales asociadas a la etapa temprana de madurez en las que se encuentran las tecnologías de hidrógeno.

Con base en el reporte “Hidrógeno en América Latina: De las oportunidades a corto plazo al despliegue a gran escala” de la Agencia Internacional de Energía, se plantean estas seis recomendaciones para los hacedores de política pública en la región que pueden ser implementadas desde hoy, para asegurar que las oportunidades del hidrógeno bajo en carbono se materialicen en el futuro:

  1. Definir una visión de largo plazo para el hidrógeno en el sistema energético: La creación de estrategias nacionales y hojas de ruta son vitales para orientar el desarrollo del hidrógeno hacia los sectores y aplicaciones más relevantes en cada país, entendiendo al hidrógeno como parte de un paquete amplio de opciones para descarbonizar los sistemas energéticos. Entre otros, estos documentos deberán contener los diferentes eslabones de la cadena de valor, los sectores industriales clave y las necesidades regulatorias y de infraestructura, así como definir metas claras que estén alineadas con los planes nacionales de descarbonización.
  2. Identificar oportunidades en el mediano término y apoyar el desarrollo inicial de tecnologías clave: Aunque se prevé que el hidrógeno tenga un rol relevante en los sistemas energéticos de la región principalmente en el mediano y largo plazo, las acciones que tomen los gobiernos hoy serán determinantes para explotar su potencial futuro de reducir emisiones y crear oportunidades económicas. Crear ecosistemas locales para el hidrógeno será esencial, lo cual incluye descarbonizar la demanda actual en los países donde existe y promover proyectos piloto para impulsar nuevas tecnologías. En países con poca demanda de hidrógeno, esfuerzos deberán enfocarse en explorar tecnologías que puedan tener un impacto importante en el largo plazo, como en los sectores de transporte pesado, transporte marítimo y aviación.
  3. Apoyar de manera temprana los esquemas de financiamiento y reducir los riesgos de inversión: Movilizar recursos y mitigar los riesgos de inversión en las diferentes etapas del desarrollo del hidrógeno será clave, particularmente en la medida que los proyectos pasen de su fase de demonstración a proyectos de gran escala. El rol de los gobiernos será esencial para apalancar con fondos públicos el desarrollo de estas tecnologías mientras consiguen ser competitivas en el mercado. Alianzas público-privadas, créditos concesionales de la banca multilateral y mecanismos de financiamiento combinado jugarán también un papel decisivo.
  4. Enfocarse en promover I+D y desarrollo de competencias en trabajadores para maximizar los beneficios: Priorizar la inversión en innovación puede apoyar el desarrollo de soluciones adaptadas a las prioridades y condiciones locales. La colaboración regional será esencial para optimizar el uso de los limitados recursos disponibles para investigación y permitirá crear eficiencias y acelerar el trabajo en aplicaciones del hidrógeno relevantes para la región, lo cual en el largo plazo puede resultar en la creación de cadenas de valor regionales. Desarrollar capacidades de trabajadores para la fabricación de equipos, manufactura, producción de hidrógeno, infraestructura y usos finales puede acarrear beneficios sociales asociados a la creación de empleo, además de grandes oportunidades para inversionistas.
  5. Usar esquemas de certificación y garantía de origen para incentivar la producción de hidrógeno bajo en carbono y crear oportunidades de mercado: Estos mecanismos serán indispensables para promover la producción de hidrógeno bajo en carbono en la región y atraer consumidores (locales y extranjeros) interesados en reducir sus emisiones de carbono. Su implementación permitirá probar el origen bajo en carbono del hidrógeno producido y será fundamental que se adapten a los estándares de los países importadores para asegurar una mejor integración en el mercado global de comercialización de hidrógeno bajo en carbono. Una de las claves del éxito de estos mecanismos, será garantizar que la energía renovable utilizada para la producción de hidrógeno sea adicional a aquella con la que cuenta actualmente el sistema, de tal forma que no se generen riesgos para el abastecimiento eléctrico y se avance con su descarbonización.
  6. Cooperar a nivel regional y mundial para posicionar a América Latina en el panorama global del hidrógeno: Durante la próxima década, los países de la región van a enfrentar desafíos similares en el desarrollo y uso del hidrógeno bajo en carbono. El diálogo regional sobre este tema resultará crucial para encontrar complementariedades en la producción, transporte y uso del hidrógeno en el futuro e identificar oportunidades de comercialización transfronteriza en el largo plazo. A nivel global, América Latina también se podrá beneficiar de participar en foros e iniciativas internacionales, que permitan impulsar la cooperación con diferentes regiones (por ejemplo Clean Energy Ministerial Hydrogen Initiative, IEA Hydrogen Technology Collaboration Programme, o H2Global). El hidrógeno no debería desarrollarse en silos locales, sino aprovechar las economías de escala y del intercambio de mejores prácticas entre países alrededor del mundo.

Como el más reciente miembro de la red de socios de H2LAC, la Agencia Internacional de Energía está lista para aunar esfuerzos en la construcción de una visión regional del hidrógeno bajo en carbono y acompañar a los gobiernos latinoamericanos en el diseño e implementación de sus políticas públicas para el desarrollo de este combustible limpio.

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